El humano moderno vive en un estado constante de preocupación y ansiedad, siempre apresurándose en algún lugar, y siempre llegando tarde a algo. Esta curiosa situación de la civilización moderna se debe a nuestro estilo de vida agitado y nuestra forma de vida apresurada. La forma en que vivimos produce preocupación. En nuestra opinión, estamos en constante peligro, aunque vivamos en la era más segura que haya vivido la humanidad. Las enseñanzas budistas dicen que no hay nada de malo en nosotros, es solo que vivimos principalmente a través de nuestra mente, nos identificamos con ella y nos perdemos el momento presente.