jueves, 11 de enero de 2018

¿DE VERDAD NOS VOLVEMOS INSOPORTABLES DURANTE NUESTRO PERÍODO?


Estrógeno y progesterona

Los efectos del estrógeno y de la progesterona sobre la anatomía y la fisiología de los órganos reproductores femeninos, sobre las características sexuales secundarias y sobre el embarazo, el parto y la lactación son temas ya suficientemente conocidos. Sin embargo, la influencia de estos esteroides sobre la conducta, prenatalmente o en la vida adulta, sigue siendo oscura y confusa.


Los estudios en animales y en seres humanos indican que el estrógeno y la progesterona puede que no influyan de una manera específica sobre la conducta sexual.

Existen algunos datos a favor de que la progesterona inhibe la sexualidad femenina, posiblemente de una manera indirecta y en la medida que antagoniza la acción del andrógeno. Un descenso de los esteroides sexuales femeninos puede, en efecto, levantar la libido, al desenmascarar la acción sexualmente estimulante de la testosterona, que es fabricada por las glándulas suprarrenales y que de esa manera se halla siempre presente en pequeñas cantidades en la mujer, incluso después de la menopausia tras una castración quirúrgica.

El ciclo menstrual

Las fluctuaciones hormonales del ciclo menstrual brindan una oportunidad para estudiar los efectos de las hormonas reproductoras femeninas sobre la conducta. Cabe considerar el período menstrual como una «minimeno pausia>, durante la cual las hormonas sexuales femeninas descienden abruptamente durante aproximadamente ocho días. He aquí los cambios hormonales que ocurren durante el ciclo menstrual femenino:
Las dos hormonas segregadas por el tejido ovárico, estrógeno y progesterona, se comportan de la siguiente manera:
Los estrógenos alcanzan una cima en el momento de la ovulación y muestran también un alza secundaria durante la fase lútea del ciclo. Descienden abruptamente en y durante la menstruación.
La progesterona, segregada por el cuerpo lúteo, aumenta en el momento de la ovulación y disminuye también durante la menstruación.
Al mismo tiempo, las dos hormonas hipofisarias que regulan el ciclo se comportan de la siguiente manera:
LH (hormona luteinizante) sufre un incremento muy marcado durante un día o dos en el momento de la ovulación.
FSH (hormona foliculoestimulante) se mantiene relativamente constante, y se ha demostrado que permanece algo más bajo su nivel durante la fase lútea.

A lo largo de todo este ciclo, el suministro de andrógenos femeninos permanece en un nivel relativamente constante (0,4%), con un ligerísimo aumento cerca de la ovulación y en la fase lútea. 

Las mujeres difieren en sus respuestas libidinales a estas fluctuaciones hormonales. Lo cual no es de sorprender, porque los deseos eróticos de la mujer obedecen a múltiples causas. Hay mujeres que no parecen experimentar cambios libidinales a lo largo del ciclo menstrual, mientras que otras muchas afirman sentir cambios cíclicos no sólo en el deseo sexual, sino en la irritabilidad y en su estado de ánimo. Aunque parece cierto que muchas mujeres experimentan fluctuaciones en su excitabilidad sexual durante los ciclos menstruales, no está muy claro en qué punto del ciclo se localizan los altos y bajos de la libido femenina. O'Connor et al. han revisado la literatura sobre este tema y afirman que ciertos psicoanalistas, como por ejemplo Thérese Benedict y Helene Deutsch, sostienen que la libido femenina comienza a aumentar cerca del comienzo del ciclo y alcanza su máximo cuando el nivel de estrógenos es alto, lo cual concuerda, por supuesto, con la hipótesis psicoanalítica de que el nivel más alto de estrógenos coincidente con la ovulación es el período de máxima integración psíquica y receptividad en la mujer. Otros autores, y especialmente Udryy Morris, afirman que han encontrado una depresión de la libido y del orgasmo durante la fase lútea. Dicha depresión se previene con una medicación a base de anticonceptivos, que bloquea la ovulación y elimina de esa manera la fase lútea del ciclo. Estos autores llegan a la conclusión de que la progesterona inhibe la libido femenina. 
Por el contrario, los otros estudios sobre la fluctuación de la libido femenina, incluyendo los de Kinsey y Masters y Johnson, indican que para muchas mujeres el deseo sexual y el orgasmo alcanza su mayor intensidad en los períodos premenstruales,  menstruales y postmenstruales  cuando
los niveles de estrógenos y de progesterona alcanzan su índice más bajo. Esta preferencia es chocante porque coincide con las condiciones físicamente más desfavorables es decir, con un descenso en las posibilidades de fertilización así como con la hemorragia y las molestias típicas del período menstrual.

Síndrome de tensión perimenstrual




Aparte de las fluctuaciones de la libido, el ciclo menstrual se halla acompañado en un gran número de mujeres (diversos autores estiman este porcentaje entre el 25 y el 100%) por cambios muy significativos en el estado de ánimo, en la conducta y en la integración psíquica. Numerosos investigadores han estudiado sistemáticamente estas fluctuaciones de los problemas emocionales, médicos, psiquiátricos y conductuales durante el ciclo menstrual. Los resultados son bastante uniformes. Todos los estudios concuerdan en que la incidencia de un amplio espectro de trastornos en la mujer alcanza un nivel significativamente más alto durante la fase perimenstrual  del ciclo. Especialmente  se dan con mayor frecuencia durante este período los siguientes problemas:
1) cambios en el estado de ánimo - depresión, pensamientos paranoides, irritabilidad, ansiedad; 
2) trastornos de la conducta motivados por los del estado de ánimo - abuso de alcohol y de drogas, crímenes violentos, accidentes, suicidios y llamadas a los centros de prevención de suicidios;
3) enfermedades relacionadas probablemente con los cambios en el estado de ánimo - ingreso en centros médicos, quirúrgicos y psiquiátricos, cefaleas y jaquecas, trastornos gastrointestinales, brotes esquizofrénicos y recaídas. 
Todos los estudios indican que el máximo trastorno y el índice más alto de violencia, de enfermedad y accidentes se da durante ocho días consecutivos, de los cuales cuatro son premenstruales y cuatro menstruales. Se da un máximo secundario durante la ovulación.
Existe una clara correlación negativa entre el nivel de estrógenos y los trastornos de la conducta. La máxima incidencia de los trastornos se produce durante la fase del período menstrual, cuando el nivel de estrógenos es bajo, y el pequeño máximo de trastornos situado en la mitad del ciclo desciende al mismo tiempo que el pequeño descenso de estrógenos situado también a mitad del ciclo. Por el momento se ignora el verdadero significado de estas correlaciones tan llamativas.
Como cosa rara, algunas mujeres afirman que experimentan un aumento de energía y se sienten más aliviadas de la depresión y con más iniciativa durante este período.
El mecanismo del fenómeno de la tensión menstrual no está aún claro, aunque circulan varias hipótesis al respecto. Los psicoanalistas atribuyen este síndrome a fuentes neuróticas que implican el significado simbólico del flujo menstrual. Sin embargo, parece cierto que ciertos factores endocrinos también son notorios determinantes.
Un dato importante que debemos tener en cuenta en cualquier intento de explicar este fenómeno es el de que la tensión perimenstrual no se da durante los ciclos no-ovulatorios, cuando no se produce progesterona por ausencia del cuerpo lúteo. En efecto, el síndrome grave de tensión perimenstrual, con rasgos depresivos y paranoides importantes que no responden favorablemente a la psicoterapia ni al tratamiento con ansiolíticos, cede a menudo ante una medicación a base de anovulatorios. Los efectos son extraordinariamente beneficiosos en un gran número de casos.
En el curso de la terapia sexual se puede aprovechar la ventaja que supone el incremento de la tensión sexual perimenstrual en el tratamiento de mujeres no excitables.

Cólera y síndrome perimenstrual.

Una observación clínica llamativa que caracteriza al síndrome, independientemente de que la paciente manifieste su tensión simplemente como irritabilidad ligera o como un episodio paranoide psicótico grave, es que en todas estas mujeres parece que se da un gran aumento de la cólera o de la agresión. Algunas mujeres son capaces de tolerar y asimilar esta mayor tendencia a reaccionar con cólera. Otras, en cambio, se sienten trastornadas o, en cualquier caso, motivadas a comportarse de una manera agresiva o autodestructiva. Según sean la personalidad y los mecanismos de defensa de la mujer en cuestión, algunas exteriorizan esta cólera y atacan y provocan a los demás; otras, en cambio, afligidas por sentimientos de culpa y de temor, enferman y se deprimen, pierden contacto social y son propensas a accidentes. Las mujeres creativas suelen escribir poemas agresivos o pintar cuadros que expresan cólera y depresión durante estos períodos de su vida.

Del libro de Helen S. Kaplan - La Nueva Terapia Sexual.