Es patente que la testosterona activa el cerebro para que produzca deseo y motivación eróticos, al tiempo que brinda el entorno químico que se requiere para un funcionamiento y estructuración idóneos del orgasmo genital: la producción de esperma, la erección, la eyaculación, etc.
Sin embargo, los datos más recientes indican que los efectos conductuales de los andrógenos pueden extenderse más allá de los específicamente eróticos e influir también en la conducta gnósica y territorial.
La conducta de dominancia y el nivel energético, así como el apetito, el metabolismo y la «agresión», parece que también pueden ser incrementados por los andrógenos. Los estudios animales y humanos sugieren que cuando el cerebro de un individuo se halla impregnado por un medio que contiene una alta concentración de andrógenos (o en todo caso un alto índice de andrógenos-estrógenos), aparte de los efectos libidinales se presentan otros, como, por ejemplo, el de comer más, el tener más fuerza y más músculos o actuar con más energía. El individuo se halla menos propenso a la intimidación. Es más probable que intervenga en competiciones y, lo que es más interesante, que gane en ellas.
En uno de los estudios se observó que la conducta criminal de los adolescentes correlacionaba con un alto nivel de testosterona. Por el contrario, un bajo nivel de andrógenos parece que reduce el nivel de agresividad, de cólera y de energía, haciendo que el individuo responda más ante los estímulos externos, sea más sensible a los olores, al dolor y al tacto, y que se interese más por los niños pequeños y por las actividades maternales*.
Sin embargo, los datos más recientes indican que los efectos conductuales de los andrógenos pueden extenderse más allá de los específicamente eróticos e influir también en la conducta gnósica y territorial.
La conducta de dominancia y el nivel energético, así como el apetito, el metabolismo y la «agresión», parece que también pueden ser incrementados por los andrógenos. Los estudios animales y humanos sugieren que cuando el cerebro de un individuo se halla impregnado por un medio que contiene una alta concentración de andrógenos (o en todo caso un alto índice de andrógenos-estrógenos), aparte de los efectos libidinales se presentan otros, como, por ejemplo, el de comer más, el tener más fuerza y más músculos o actuar con más energía. El individuo se halla menos propenso a la intimidación. Es más probable que intervenga en competiciones y, lo que es más interesante, que gane en ellas.
En uno de los estudios se observó que la conducta criminal de los adolescentes correlacionaba con un alto nivel de testosterona. Por el contrario, un bajo nivel de andrógenos parece que reduce el nivel de agresividad, de cólera y de energía, haciendo que el individuo responda más ante los estímulos externos, sea más sensible a los olores, al dolor y al tacto, y que se interese más por los niños pequeños y por las actividades maternales*.
Tales observaciones no intentan en modo alguno sugerir que esas influencias hormonales sean las determinantes primarias de la conducta de una persona. Es obvio que las tendencias conductuales determinadas por los andrógenos pueden ser pequeñas comparadas con las influencias psíquicas, tan poderosas, que presiden la conducta y los sentimientos de una persona. Sin embargo, parece que existen esas in fluencias, y quizás sean más importantes de lo que se había sospechado hasta ahora.
* Quizá son estas cualidades femeninas o de bajo nivel androgénico lo que condujo a la observación realizada por el Dr. Harlow de que las monas son «terapeutas» más eficaces que los machos para rehabilitar a los productos atemorizados, tímidos y peor adaptados socialmente de sus experimentos de crianza en aislamiento. La hembra cariñosa, no competitiva, suele ser capaz de curar a los monos neurotizados de esa manera, mientras que el macho agresivo suele fracasar como terapeuta.
Influencias psíquicas sobre la secreción de andrógenos
El estado psicológico de una persona influye en su nivel de andrógenos, que tiende a fluctuar bastante en respuesta a estímulos psíquicos y sexuales. Los estudios en varones y en primates inferiores, efectuados en diversas circunstancias, sugieren las siguientes relaciones entre la secreción de testosterona y la experiencia. Las experiencias sexualmente interesantes, la estimulación y la actividad sexual suelen ir emparejadas con un incremento del nivel de testosterona en la sangre. Por el contrario, los sentimientos de depresión, de derrota y de humillación, como, por ejemplo, los que siguen a la pérdida de una hembra ante otro macho o quedar vencido en otras circunstancias, se asocian con un nivel de testosterona espectacularmente bajo. Una tensión psíquica cronificada, de la que el individuo no pueda escapar, como la que se da, por ejemplo, en unas oposiciones, va también asociada a un nivel de andrógenos significativamente bajo.
En la terapia sexual, cuando un hombre impotente se halla sometido a un estrés muy grande durante una crisis de sus negocios o después de un divorcio traumatizante o bajo los efectos de una depresión, es obvio que hay que demorar la terapia sexual de su impotencia o de su carencia de libido hasta que recupere la estabilidad emocional.
Los efectos del estrés sobre las hormonas sexuales femeninas, aún no se conocen bien, salvo que las crisis emocionales se relacionan, en algunas mujeres, con trastornos del ciclo menstrual.
Del libro de Helen S. Kaplan - La Nueva Terapia Sexual.